CONSECUENCIAS DE LA SOBREPROTECCIÓN EN L@S NIÑ@S

Patricia García

Psicóloga y creadora del blog Psicología que me Guía 🧭 Terapeuta cognitivo-conductual y EMDR 🧠 contacto@patriciagarciapsicologa.com 📬

octubre 15, 2020

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En el post anterior, hablamos sobre los aspectos comunes que, paradójicamente, comparten la sobreprotección y el actuar de forma negligente con los menores.

En el artículo de hoy, hablaremos más específicamente sobre las repercusiones de la sobreprotección 1) en los niños, y 2) en la relación paterno/materno filial… ¡Empezamos!

¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE LA SOBREPROTECCIÓN?

Como comentábamos en el último artículo del blog, un niño sobreprotegido es un niño al que se le está privando de exponerse a retos, de entrenarse en diferentes habilidades que necesitará para enfrentarse a los retos de la vida adulta, de demostrarse a sí mismo que puede conseguir lo que se propone…

Cuando sobreprotegemos a nuestros hijos, no les permitimos aprender a desenvolverse con normalidad en las circunstancias habituales y cotidianas, las cuales tendrá que afrontar necesariamente el día de mañana. ¿Por qué ocurre esto cuando les sobreprotegemos? Por varios motivos:

(1) Porque la sobreprotección no les permite entrenar su tolerancia a la frustración, su capacidad de enfrentarse a dificultades, a encontrar (por sí mismos) soluciones a los problemas… lo que genera la archiconocida y de la que tanto se habla hoy día… baja tolerancia a la frustración.

(2) Porque fomenta la inseguridad. En otras palabras: son niños que viven con miedo. El no poder superar obstáculos por sí mismos, les impide adquirir esa seguridad característica de un adulto sano. Ya hay evidencia de que a nivel cerebral, las conductas sobreprotectoras dejan su huella. Sin ir más lejos, Farber y colaboradores (2019) (estudio), encontraron en una muestra de 312 adolescentes, una fuerte asociación entre un estilo de crianza sobreprotector, y cambios funcionales y estructurales en zonas posteriores del cerebro involucradas en la generación y (auto)regulación de respuestas de amenaza. En otras palabras: son niños que tienen una línea base de activación mayor ante cualquier señal de peligro; por ello, se activarán más rápido, y tardarán más en poder autorregularse. Su amígdala, encargada de este tipo de procesos, está como “más alerta” que la de otros compañeros de su misma edad.

(3) Porque se alimenta el narcisismo. Se planta esa semilla que cristaliza en creencias tipo “Mis padres están aquí para servirme”, “Mi cama la hace mi madre”, “Mi plato me lo recoge mi padre”… y sumando. La etapa del egocentrismo (invocamos a Piaget… 🙂), se trata de una etapa natural en los primeros meses de vida. Cuando el niño pasa del mundo de las sensaciones puras (etapa en la cual, el niño “sólo” existe para sí mismo) comienza a descubrir la figura del “otro”, esa “otredad”, inicialmente en sus figuras principales de apego. A partir de este punto, el niño comienza a interesarse más por el mundo exterior. Pero… y aquí viene el PERO: el formar parte de la vida familiar y social, conlleva un coste: el descentrarse gradualmente de uno mismo, el descentrarse de lo que uno mismo desea, para combinarlo con las expectativas de los demás. En otras palabras: el niño sobreprotegido, tendrá más problemas para saber adaptarse a que hay más realidades además de la suya propia, subjetiva e individual. 

(4) Porque aunque aparentemente parezcan niños que sientan seguridad y comodidad en diversos contextos, interiormente la sobreprotección gesta un proceso de rebeldía y de destrucción de autoestima. Piensa: ¿cómo te sientes tú, cuando alguien hace algo por ti, y te regala un “Mejor lo hago yo, que tú no sabes”, o algo por el estilo…?, ¿qué mensaje crees que te está enviando? ¡Te lo está diciendo bien claro!: “Tú no eres capaz… Tú eres inferior… etc”. Ese, es el mensaje que reciben constantemente los niños sobreprotegidos cuando alguien les hace los deberes, cuando alguien le envía a su profe una nota justificando que no hizo los deberes por “vete-tú-a-saber-qué-excusa”, cuando alguien les resuelve por él los problemas con SUS amigos/as… En definitiva: el niño termina concluyendo que no es capaz de hacer nada, porque eso es lo que le muestra su experiencia: no tiene “datos/hechos” que le demuestren que sí que puede hacerlo.

(5) Porque fomenta un autoconcepto negativo de sí mismo/a. Si los inputs que recibe tu hijo son de la índole de “Dependo de mi madre/padre para [larga lista de tareas que podría hacer él mismo ya a su edad, pero que NO hace]”, ¿qué tipo de imagen crees que tendrá de sí mismo? ¿Crees que tendría algo que anotar en su columna de fortalezas? Seguramente SÍ que tengas muchas fortalezas, pero si no las percibe, si no es consciente de ellas porque no las experimenta en su vida diaria, esa columna de fortalezas, se quedará vacía. Si tenemos en cuenta que la autoestima es la valoración emocional que hacemos del autoconcepto, para tener un autoestima saludable, tu hijo necesitará integrar en su autoconcepto tanto sus debilidades (o “ejes de mejora”, como me gusta a mí llamarlos 🙂), como sus fortalezas. De esta manera, podrá desarrollar un autoestima integral, sano y funcional.

(6) Porque se inhibe el aprendizaje de capacidades y habilidades sociales. Al igual que otro tipo de habilidades, las habilidades sociales (a veces mal llamadas habilidades “blandas”… pero bueno, esa reflexión la dejaremos para otro post 🙂) se adquieren mediante la práctica y una correcta atribución de causalidad. Una conducta sobreprotectora bastante frecuente, es limitar la exposición social del niño: “con niños mayores no, que igual abusan de él”, “con niños varones no, que igual la discriminan por ser chica”, “jugar en el parque no, que igual se hace daño”… son algunos ejemplos de creencias que limitan esas interacciones que, nos guste o no, nuestros hijos necesitan para aprender a desenvolverse. ¿Por qué? Porque en su vida adulta, también se va a encontrar con adultos mayores o por encima de él en la jerarquía, que intentarán abusar de él. Porque de adulto, también podrá encontrarse con personas que lo discriminen injustamente. Porque de adulto, también se expondrá a situaciones se peligro… y tendrá que aprender a gestionar todas y cada una de esas situaciones propias de la vida adulta. Mejor, sí su entrenamiento empieza hoy, ¿no crees 😉?

(7) Porque se refuerza positivamente la dependencia. Piénsalo: si de forma constante, hay alguien ahí para hacerse cargo de tus responsabilidades… ¿cuál es tu motivación para hacerlas por ti mismo? ¡Ninguna! El ser humano está filogenéticamente preparado para mantenerse en su zona de confort, en lo cómodo, en lo fácil. Es decir: lo lógico, lo esperable, es que tu hijo (como tú, y como yo) también lo haga. A menos… que haya algún motivador de cambio. De manera natural, esos motivadores de cambio (o consecuencias naturales) comienzan a aparecer: si no estudias, suspendes; si llegas tarde, pierdes el autobús; si tardas en sentarte en la mesa, se te enfriará el plato. Lo que hace la sobreprotección, es anular esos motivadores que tu hijo necesita para avanzar, gradualmente, en su propia autonomía.

EN CONCLUSIÓN

Nuestro objetivo como padres, NO es criar a niños que vivan vidas cómodas y sin dificultades. Los obstáculos, las dificultades, los retos… llegarán, nos guste o no. Nuestro objetivo como padres, debería de ser PREPARARLES para sortear estas dificultades, que evitárselas. ¿Qué mejor contexto para (aprender a) enfrentarse a la adversidad, que en un contexto de seguridad, con sus figuras de apego cerca y pudiendo guiarle en el proceso? En el futuro, cuando sean adultos, no estaremos allí. Lo que SÍ estará, será el aprendizaje y la seguridad en sí mismos que les hayamos podido transmitir en su infancia y adolescencia.

La sobreprotección, como ves, tiene consecuencias nefastas tanto para su desarrollo emocional, como para vuestra relación padre/madre-hijo: un niño con problemas de autoestima e inseguridades, será más probable que presente problemas para vincularse sanamente con los demás, y eso te repercute directamente a ti.

De forma gradual y con sentido común, por supuesto, pero permíteles adquirir, poco a poco, la autonomía que necesitan acorde a su edad: que puedan ir poniéndose retos, que puedan enfrentarse a nuevas situaciones, que asuman las consecuencias de sus actos… y en el futuro, no acudirán a ti porque dependan de ti, sino porque aunque sepan que ya son autónomos… QUERRÁN ESTAR CONTIGO.

P.G. 🧭

 

REFERENCIAS

Eva Miller (2016) “Hiperpaternidad” Plataforma Editorial.

Farber, M. J., Kim, M. J., Knodt, A. R., & Hariri, A. R. (2019). Maternal overprotection in childhood is associated with amygdala reactivity and structural connectivity in adulthood. Developmental cognitive neuroscience, 40, 100711. https://doi.org/10.1016/j.dcn.2019.100711

Piaget, J. (1973). “La Psicología de la Inteligencia” Editorial Psique.

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